Los estilos de Cyberpunk 2077

Cyberpunk 2077 es un videojuego del que últimamente está dando que hablar más por su propia desgracia que por sus cosas buenas. Dejando aparte de que es un producto bastante fallido en lo técnico por la ingente cantidad de fallos que tiene y que la forma de llevarlo al público ha sido la peor posible, al indagar más sobre el arte creado en el mundo del juego uno puede ver que es tan detallado como para mostrar todo un espectro de personalidades y formas de vivir en los posibles futuros de la humanidad. Tanto es así que los artistas del estudio CD Projekt Red dividieron en cuatro ramas el estilo ciberpunk y las pusieron en una cronología para hacer que la historia del juego sea creíble: Kitsch, entropismo, neomilitarismo y neokitsch.

Línea temporal de los estilos artísticos en Cyberpunk 2077, CD Projekt Red

Es bastante interesante porque no solo es parte de un videojuego: es un buen desglose de las diferentes formas con las que hemos imaginado el futuro de nuestro mundo en las historias de ciencia-ficción desde hace cuarenta años hasta nuestros días. Estas historias no contienen uno sólo de los siguientes estilos, sino que se entrelazan o incluso se llegan a enfrentar formando el tejido de la narración.

Kistch: “Estilo sobre sustancia

Lo primero que nos viene a la mente cuando pensamos en algo futurista urbano es este estilo: Ropa de colores brillantes, maquillaje extremo, implantes cibernéticos llamativos y cortes de pelo atrevidos.

El kistch representa a la clase media/baja de la sociedad futurista. Suele ser el más común porque la mayoría de protagonistas de las historias ciberpunk pertenecen a esta clase, aunque siempre se intenta que no sean demasiado estridentes. Se suele decir que el lema del ciberpunk es “high tech, low life” (alta tecnología, vida baja) y los personajes pertenecientes a este estilo son un buen resumen de ese concepto: La mayoría tienen poco dinero, el suficiente como para subsistir e ir tirando, pero al mismo tiempo tienen una apariencia llamativa que pueda destacar. Al vivir en un ciudades masivas superpobladas el hecho de tener estilo es un signo de estar por encima del resto, y si estás por encima de otros tienes más posibilidades de vivir mejor.

Abundan los implantes cibernéticos, muchos por simple cuestión estética, y la adicción a drogas sintéticas duras en el punto crítico entre diversión y modo de supervivencia: Recordemos que el ciberpunk es un género en el que básicamente retrata lo que pasará en el futuro si todo va muy mal, así que es normal que la mayoría de personajes sufran de traumas o depresión entre otros trastornos psicológicos en menor o mayor medida y necesiten vías de escape. Podemos ver este estilo en casi todas las obras que traten el ciberpunk y sobretodo si toman referentes de la época entre 1980 y 2000. Encontraremos ejemplos fácilmente en muchas obras de ciencia-ficción futurista como Blade Runner, Ghost In the Shell o Johnny Mnemonic.


Entropismo: “Necesidad sobre estilo

Si tomamos el kistch como eje central de la sociedad ciberpunk, un escalón más abajo encontramos el entropismo: un estilo más funcional que estético que define a los que tienen menos recursos y usan la tecnología para poder subsistir como buenamente pueden (o incluso llegan a oponerse a ella).

Aquí podemos encontrar un estilo donde la pobreza impide todo lo que el kistch intentaba imponer: una economía por los suelos fuerza a que los personajes usen ropas desgatadas y posiblemente heredadas, deformaciones corporales, implantes que cumplen con funciones ortopédicas y todo tipo de cacharros oxidados que necesitan de un mamporro en el sitio adecuado para que funcionen como es debido. De este estilo podemos encontrar trazas en varias obras de ciencia-ficción: Usualmente suele estar representado por la población que vive precariamente en los suburbios de las grandes metrópolis, muchas veces reprimidos por un poder mayor o incluso oponiéndose a la autoridad formando un ejército en las sombras.

Es un estilo que suele tener referentes en obras que aparecieron entre los 70 y 80, cuando los aparatos electrónicos aún eran algo toscos, poco ergonómicos y había que hacer verdaderas chapuzas para arreglarlos. De ahí que también quede en constancia en sagas de películas como Regreso Al Futuro o Star Wars: El DeLorean era un artilugio milagroso capaz de viajar en el tiempo pero no dejaba de ser un trasto, con cables por fuera pegados con adhesivo barato, que un viejo había creado en un garaje, y por lo mismo podemos meter dentro a la Alianza Rebelde y al Halcón Milenario con tripulación incluida (Curiosamente en ambas sagas se le da una sarta de tortazos al vehículo en cuestión para que vuelva a funcionar).

No hay hay que confundir este estilo con lo que se suele llamar como post-apocalypse-punk o punk post-apocalíptico aunque pueda parecer cercano, pero eso lo veremos más adelante.


Neomilitarismo: “Sustancia sobre estilo

Las historias cyberpunk suelen ser sobretodo de luchas de poder: Las clases altas de las corporaciones, que con el paso de los años han llegado a tener mucha más fuerza que la de los gobiernos, forman sus propias filas armadas con el fin de ampliar su dominio.

El neomilitarismo destaca por ser frío, funcional y aséptico: Si hubiera una forma de definir la psicología que resume este estilo sería la cuchilla de un bisturí. Este estilo artístico busca ante todo demostrar poder y eficiencia: Es el imperio del negro, blanco, acero y cristal con alguna gota de color básico que tenga que ver con la función de quien lo viste más que su estética. Cortes de pelo de estilo militar y de colores homogéneos. El diseño de los objetos buscan la mínima expresión en sus formas.

Los personajes de este estilo conforman dos clases sociales dentro del mismo: La clase baja, compuesta básicamente por soldados, policías y otros miembros encargados de establecer seguridad aunque son considerados como carne de cañón. Estos visten con ropas y armamento militar la gran mayoría del tiempo porque viven por y para la autoridad a la que pertenecen. Los implantes y otras modificaciones corporales (incluyendo la clonación completa y a veces de forma masiva) son exclusivamente para ser más eficientes en sus respectivas tareas y muchos de ellos atienden por un número en lugar de un nombre propio, aparte de tener la mayoría de las veces un casco o máscara que los deshumaniza aún más.

Por otro lado tenemos a una clase media-alta formada por una elite de agentes especiales y jefes de corporaciones. Ellos son las caras públicas y manos ejecutoras de las operaciones aunque no se manchen las manos. Su estilo es de una elegancia simple pero dejando entrever que también es letal.

Podemos encontrar puntos del neomilitarismo en muchas de las obras de ciencia-ficción donde haya personajes que ostenten un gran poder, por esa razón suelen ser los antagonistas de las historias.


Neokistch: “Estilo y sustancia

El estilo de las clases más altas: Despilfarro, famoseo y ostentación al máximo nivel. Si tienes dinero y poder puedes permitirte ser más brillante que una supernova.

El neokistch es primo hermano del primer estilo comentado y comparte con este el gusto por la apariencia antes que cualquier otra cosa. La diferencia está en que mientras el kitsch es más bien algo vistoso pero asequible, el neo-kistch se dirige a los extremos de lo más caro y elitista posible. En un mundo sintético que ha desintegrado los recursos naturales, mostrar pieles, marfil o piezas de madera auténtica es un lujo que solo se pueden permitir muy pocos. También existen las modificaciones corporales pero estas son puramente estéticas o rejuvenecedoras.

Gran parte de esta clase social son CEOs de corporaciones que se han aburrido de los trajes y la reuniones de trabajo o celebridades con mucho dinero y demasiado tiempo libre. Para ellos todo aquel que esté por debajo de su estatus social no existe, es mera mercancía o merece un total desprecio (aunque de cara al público todo siempre sean sonrisas). Las clases inferiores a veces sufren de ser los títeres de sus entretenimientos, muchas veces crueles.

En las diferentes obras podemos encontrar todo tipo de personalidades que concuerdan con este estilo: algunas más malvadas y otras más benévolas pero la mayoría no son muy conscientes de lo dura que es la vida unos cuantos escalones más abajo.


Mundos futuros extra:

Esos eran los cuatro estilos de Cyberpunk 2077, pero aunque son bastante profundos me gustaría complementar este artículo con algo más: el ciberpunk nació alrededor de los años 70 para definir como podía ser el futuro en las décadas posteriores al año 2000, que es nuestro presente, y durante todo este tiempo se han estado creando obras de ciencia-ficción que reflejaban nuestras ideas de que podía ocurrir. Estos pensamientos han ido cambiando y eso ha hecho que hayamos podido imaginar otra clase de escenarios: Post-apocalypse-punk, Solarpunk y Post-ciberpunk.

Post-apocalypse-punk: “¿Necesidad y estilo?”

Un mundo situado en un lejano futuro donde en algún momento la sociedad futura colapsó debido a algún tipo de desastre o guerra que dejó el planeta convertido en un lugar desértico y hostil donde impera la ley del más fuerte. Todo rastro de avance tecnológico queda pulverizado y lo poco que aún puede funcionar es considerado un milagro. Todo recurso natural esencial como el agua es escaso y casi siempre es el principal motivo de los conflictos.

Mad Max III: Más Allá De La Cúpula Del Trueno, 1985

Aunque quizás pueda relacionarse en cierta manera con el entropismo descrito en Cyberpunk 2077, este estilo es mucho más extremo: Mientras que los personajes del entropismo tienen un estilo de vida pobre y sin muchos estilismos en el punk post-apocalíptico encontramos a gente que sobreviven como pueden cada día pero al mismo tiempo con maquillajes o ropas agresivas para intimidar. Después de todo, si te temen es posible que puedas vivir un poco más. Un ejemplo perfecto de este estilo es, por supuesto, la saga de películas de Mad Max.


Solarpunk: “¿Sostenibilidad y estilo?”

Mientras que en los mundos ciberpunk los rescursos naturales han sido prácticamente aniquilados y la raza humana intenta devorarse a si misma (porque eso lo que cabe esperar de una distopía), cabe imaginar que un mundo diametralmente opuesto pudiera ser posible: Una utopía futurista donde la máxima prioridad sería la sostenibilidad con la naturaleza. Los seres humanos habrían alcanzado una sociedad muy avanzada tecnológicamente pero limpia con el medio ambiente y humanamente justa en contraposición con el cyberpunk. Los personajes, en lugar de alienarse usando implantes cibernéticos, sentirian de algún modo una conexión con el resto del ecosistema el cual consideran un ente superior.

KitBash3d.com

No suele ser habitual encontrar esta clase de sociedades en la ciencia-ficción: En una sociedad perfecta no suele haber conflictos. ¡Y sin conflictos no hay historia! Algunas veces podemos encontrar algunas trazas de solarpunk en películas como Aeon Flux, pero suelen ser una tapadera de algo muy oscuro que está por desvelarse. Una de las pocas obras en las que aparece este tipo de sociedad al completo es Black Panther donde el país de Wakanda se corresponde completamente con esa descripción.


Post-ciberpunk

El género del ciberpunk nació y creció entre los años 70 y 80 cuando la tecnología que conocemos hoy en día empezaba a atisbarse. Los autores podían imaginarse como podría ser una red que conectara a todo el mundo pero Internet aún no era algo común y al alcance de todos. Esto hizo que no pudieran imaginar el verdadero impacto de esa tecnología en nuestra sociedad y cuanto nos iba a cambiar. Así que como por aquel entonces era algo desconocido (y a lo desconocido es natural tenerle miedo) idearon que la tecnología del futuro debía ser una amenaza: una infección que deshumanizaría a las personas y las corrompería sacando lo peor de ellas mismas.

Desde los años 90 hasta nuestros días hemos integrado Internet en nuestras vidas y en estos momentos es de lo más común llevar un teléfono móvil en el bolsillo. Hemos comprendido que la tecnología no tiene porqué ser malvada y que puede ser una herramienta útil, aunque si se abusa de ella sí que puede convertirse en un problema. Hemos descubierto que podemos relacionarnos sin necesidad de estar presentes fisicamente y de que podemos compartir momentos a unos niveles tan abiertos y masivos que de otra forma sería imposible gracias a las redes sociales.

Todo esto ha cambiado nuestra idea de como puede ser el futuro y por lo tanto también la fantasía sobre el mismo: El ciberpunk de antaño era un mundo oscuro, con personajes solitarios y con un futuro desesperanzado. Pero ahora podemos imaginar a personajes que pueden convivir con la tecnología, más optimistas, sociales y con la esperanza de que puede existir un mundo mejor: Este cambio es el post-cyberpunk. Un mundo futuro más realista donde encontramos nuevos conflictos sobre como nos relacionamos con los demás y la tecnología es un elemento neutral que depende de su uso como cualquier otra herramienta. La tecnología es parte de la sociedad y por ese motivo también puede ser parte de la solución a los problemas. De ahí que la estética de este estilo sea mucho más cotidiana, mucho más relacionada con nuestro presente, y a la hora de presentar algún elemento más futurista de lo esperado este sea ergonómico y suave en lugar de tosco y metálico como en el ciberpunk.

Los escenarios post-ciberpunk por eso se desarrollan en futuros cercanos, con ambientes que pueden llegar a resultar familiares, para mostrarnos una verdad latente en el presente de la que quizás no somos del todo conscientes porque aún no hemos llegado ahí.


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